viernes, 26 de octubre de 2012

Pícaros

Nos escandalizamos con los casos que trascienden a la opinión pública sobre corrupción con cargo a "fondos públicos", y formamos ese prejuicio que configura una clase política desacreditada, a la que se presupone a la búsqueda del provecho propio.
Por otra parte este escándalo se acrecienta cuando su protagonista pertenece a una opción política que no goza de nuestras simpatías, aunque llega a tales cotas que se ha extendido esa terrible sensación que se comenta frecuentemente: "todos son iguales".
Y ¿cuál es el pecado de nuestros políticos?. A veces, con espanto, me da la sensación de que su mayor culpa es que son "españoles", que salen de una sociedad de pícaros insolidarios, donde cada uno va a la suya, se aprovecha de todo lo que puede favorecerle y escurre el bulto de todo lo que pueda obligarlo ante los demás.
Un ejemplo de picaresca insolidaria lo encontramos en como afrontamos los impuestos y demás costes sociales, donde los más "listos" son los que pagan menos, y los "desgraciados" los que no pueden escamotear nada a Hacienda. Más allá de la justicia de nuestro sistema tributario, que ya es favorable a que estos "listos" salgan bien librados, no hay muchos escrúpulos en bordear la ley o claramente vulnerarla, ya que el único problema que percibimos es "que te pillen", y por lo tanto lo que buscamos es impunidad.
Otro ejemplo lo encontramos en la obtención de ayudas, becas, subvenciones, etc., de las distintas administraciones, y como tratamos de "adecuarnos" a los requisitos que exijan, sin importar tener que ocultar la verdad o disfrazarla, cuando no mentir para conseguir este beneficio.
También solemos afanarnos en la búsqueda de ser "singulares", de buscar el trato de favor, la información privilegiada, el "enchufe" en definitiva, para lograr nuestro interés pasando por encima de todo y de todos.
Y todo esto sin conciencia de daño ni de mal, por lo tanto sin pecado y sin culpa. Solo afectados de esa impunidad que nos permite ir con la cabeza muy alta, y no sentirnos señalados con el dedo cuando se busque a los "corruptos" de esta sociedad.
Cuando se hacen llamamientos al esfuerzo y el sacrificio por el bien común ¿se lo creerán los que apelan a tan honrosa misión? ¿saben a quienes se dirigen?.
Para no dejar una sensación tan pavorosa quiero manifestar que el valor ético y solidario y la necesidad de situarnos con esta perspectiva ante los demás, será la mejor medida que podemos tener ante los tiempos críticos que vivimos. No solo basta con denunciar y perseguir la corrupción política, hay que escarbar en nuestras vidas buscando comportamientos que, por estar generalizados, suponen millonarias cifras en costes sociales. Hay que tomar partido entre ser parte del problema o de la solución.


jueves, 25 de octubre de 2012

¿Qué debemos?

Desde hace ya demasiado tiempo vivimos acongojados por "la deuda", con la sensación de que nunca saldremos de ella. 
Deudas hay muchas. ¿De que deuda hablamos?
Por una parte tenemos las deudas económicas, publicas y privadas, que atenazan el desarrollo del país, de muchas de sus empresas y de la mayoría de sus ciudadanos. Gracias a este tipo de deuda pasamos a estar en manos de los acreedores, con los que de una u otra forma nos refinanciamos a un interés creciente que de por si es un magnífico negocio, y además permite imponer aquellas condiciones que vienen padeciendo los países en vías de desarrollo. Se trata de ser competentes renunciado a derechos sociales y laborales para homologarnos con situaciones de explotación, que son a las que se refieren cuando hablan de competitividad. Vamos entrando en el aro de país en vías de desarrollo, ahogado por una deuda que nunca podrá pagar, y transformado un campo propicio para inversiones que con ropaje de desarrollo tienen como objetivo fundamental el logro de grandes beneficios de esos "inversores". 
Se comenta con frecuencia que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Y seguramente es así, ya que hemos contado con una sanidad, una educación y unos servicios sociales públicos, que agravian a esos poderosos ciudadanos que soportan mal que con sus impuestos se beneficien tantos mediocres y fracasados, a los que miran como parásitos. ¿Qué nos hemos creído? Ellos creen que su bienestar es fruto de sus méritos, se consideran triunfadores y cubren todas sus necesidades contratando los servicios que precisan. Les molesta el Estado, querrían que lo público desapareciera, y por lo tanto los impuestos. Para los demás ciudadanos que no han logrado triunfar como ellos, solo cabe la beneficencia, las migajas de la compasión social. 
Lo que es indudable es que desde hace demasiado tiempo están saliendo recursos que se aplicaban a servicios sociales y pasan a pagar deuda (al bolso de esos "inversores" y "acreedores"). Estoy convencido de que si queremos buscar la verdadera causa de la crisis actual, habría que investigar a quienes se están beneficiando de ella, es muy difícil admitir que sean inocentes de la misma.